Ejercicios para Parkinson 4: cuando existen limitaciones

01 Sep 2026

Ejercicios para Parkinson 4: cuando existen limitaciones
En los artículos anteriores hablamos de la importancia del movimiento, presentamos una rutina básica y aprendimos a progresar.
Pero no todas las personas con Parkinson pueden hacer los mismos ejercicios.
Puede haber rigidez, poca fuerza, cansancio, dificultad para caminar, problemas de equilibrio o dificultad para levantarse de una silla.
Y entonces aparece una pregunta:
¿Ya no puedo hacer ejercicio?
La respuesta debería ser otra:
¿Cómo puedo adaptar el ejercicio a lo que mi cuerpo puede hacer hoy?
Adaptar no significa renunciar
Muchas veces no necesitamos eliminar un ejercicio.
Podemos modificarlo.
Hacerlo sentado.
Utilizar una silla como apoyo.
Reducir las repeticiones.
Hacer pausas.
Dividir una actividad en períodos más cortos.
El objetivo sigue siendo mantener al cuerpo activo dentro de sus posibilidades.
Si cuesta mantenerse de pie
La silla puede ser un excelente punto de partida.
Sentados podemos trabajar:
movimientos amplios de brazos;
rotaciones suaves del tronco;
elevación de las piernas;
extensión de las rodillas;
movimientos de tobillos;
apertura y cierre de las manos.
La silla no significa que el ejercicio sea menos importante.
Significa que estamos adaptando el ejercicio para poder hacerlo.
Si cuesta levantarse de una silla
Podemos comenzar con una silla más alta o utilizar los apoyabrazos.
También podemos practicar primero el movimiento de llevar el tronco hacia adelante y trasladar el peso.
La progresión puede ser:
sentarse → inclinarse hacia adelante → levantarse con apoyo → levantarse con menos apoyo.
No necesitamos llegar rápidamente al último paso.
Cada etapa tiene valor.
Si las piernas están débiles
Podemos comenzar desde una posición segura.
Por ejemplo, sentados:
extender una rodilla → bajar → cambiar de pierna.
Podemos comenzar con 5 repeticiones por lado y aumentar progresivamente.
También podemos elevar los talones sentados.
Son ejercicios sencillos que permiten comenzar a activar las piernas sin exigir demasiado.
Si caminar produce mucho cansancio
No es necesario abandonar la caminata.
Podemos dividirla:
5 minutos de caminata → descanso → 5 minutos más.
Con el tiempo podemos aumentar los períodos de actividad.
Lo importante es trabajar la resistencia sin provocar una fatiga excesiva.
Si existe rigidez
Podemos dar prioridad a movimientos lentos, amplios y cómodos:
abrir los brazos, mover los hombros, girar suavemente el tronco, movilizar piernas y tobillos.
No buscamos forzar.
Buscamos mantener el movimiento.
Si existe dificultad para el equilibrio
Aquí la seguridad es lo primero.
Podemos comenzar junto a una superficie estable, realizando pequeñas transferencias de peso:
derecha → centro → izquierda.
Después:
adelante → centro → atrás.
Más adelante podemos incorporar pasos laterales o cambios de dirección, siempre que sean seguros.
Si existen caídas frecuentes o una alteración importante del equilibrio, esta parte del ejercicio debería ser individualizada y supervisada por un profesional especializado.
Si cuesta iniciar la marcha
Algunas personas con Parkinson sienten que los pies quedan momentáneamente “pegados al suelo”.
En estos casos, una indicación sencilla como “camina” no siempre es suficiente.
Puede ayudar utilizar estrategias externas:
contar, marcar un ritmo, utilizar una referencia visual o pensar en dar un paso amplio.
Estas estrategias deben adaptarse a cada persona, especialmente si existen bloqueos frecuentes.
No tenemos que hacerlo todo
Una rutina de ocho ejercicios no tiene que convertirse en una obligación.
Podemos comenzar con tres:
movilidad + fuerza + caminata.
Otro día:
movilidad + equilibrio + caminata corta.
También podemos dividir la sesión:
10 minutos por la mañana + 10 minutos por la tarde.
Una sesión corta sigue siendo una oportunidad de movimiento.
El ejercicio debe adaptarse a la persona
Esta es quizás la regla más importante:
no debemos obligar al cuerpo a adaptarse a un ejercicio que no puede realizar con seguridad.
Somos nosotros quienes adaptamos el ejercicio.
Si no puede hacerlo de pie, comenzamos sentado.
Si no puede hacer diez repeticiones, hacemos cinco.
Si no puede caminar veinte minutos, caminamos cinco.
Si necesita apoyo, utilizamos apoyo.
Esto no significa retroceder.
Significa trabajar desde el punto en el que estamos.
Y desde allí, avanzar.
Una última mirada
Quizás una persona con Parkinson ya no pueda hacer el mismo ejercicio que hacía algunos años.
Eso puede ser difícil de aceptar.
Pero existe una enorme diferencia entre no poder hacer lo mismo y no poder hacer nada.
Podemos cambiar la posición.
Reducir la intensidad.
Utilizar apoyo.
Hacer pausas.
Modificar el movimiento.
Y seguir trabajando.
Porque el objetivo no es conseguir que el cuerpo se comporte como si el Parkinson no existiera.
Es ayudarlo a utilizar de la mejor manera posible las capacidades que todavía conserva.
Adaptar no es rendirse.
Es escuchar al cuerpo y encontrar una nueva manera de moverse.
Y mientras podamos encontrar esa manera, seguimos avanzando.

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